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La cumbre de Gran Canaria recupera la esperanza Voluntariado ambiental en la cumbre canaria

La cumbre de Gran Canaria recupera la esperanza

20/01/2020

Belkys Rodríguez Blanco

El paisaje es desolador todavía. Apenas se escucha el canto de los pájaros. Ningún lagarto nos observa desde su escondite. Sólo dos pequeñas mariposas se atreven a aletear sobre la ceniza buscando alguna flor que las alimente. La cumbre grancanaria tiene una herida abierta. Cinco meses después de los grandes incendios, los árboles calcinados buscan una respuesta ante tanta desolación.

Es un domingo soleado pero hace frío. La carretera hacia la cumbre serpentea en el filo de los barrancos. El verde de la vegetación contrasta con el azul marino en la distancia. Los primeros pinos quemados nos reciben cabizbajos como si les diera vergüenza el traje negro que llevan ahora. El nudo en la garganta y el inevitable recuerdo de cómo era todo antes de la tragedia. Cerca de doscientas personas han decidido pasar una jornada distinta, plantando árboles para que un día todo vuelva a ser como antes. Los miembros de la Fundación Foresta nos esperan para comenzar la labor de reforestación.

“Desde que se produjeron los incendios, se han apuntado a la web de Foresta unas 12.000 personas hasta la fecha. Lo importante no es que cien personas planten mil árboles. Lo más importante es que mil planten aunque sea un árbol. Aquí no se van a repartir medallas, no vamos a dar premios, no hay competición. Esto es la naturaleza y lo importante es lo que cada uno pueda aportar. Hemos hecho unas jornadas que, aparte de plantar, estamos concienciando. ¿Parece poco? Yo creo que, si cambiamos la mentalidad, olvidamos las prisas de la ciudad, lo que estamos haciendo es disfrutar de un día donde hemos plantado y hemos compartidos con gente que no conocemos. Tenemos aquí a los pequeños que son el futuro, a los que les estamos enseñando educación ambiental. Tenemos que cambiar el chip con la naturaleza”, nos explica Arturo Arencibia, coordinador de Foresta.

La fundación lleva veintiún años reforestando. Hasta el 2019 han plantado 602 hectáreas que equivalen, aproximadamente, a 800 campos de fútbol, según afirma Arencibia. Además del voluntariado, cuentan con proyectos de concienciación ambiental en centros de primaria, secundaria y hasta en la universidad. Hacen charlas en colegios e institutos, prácticas en el campo llevando a los alumnos a los viveros de Osorio y plantando.

“Tenemos también planes de empleo. El sector forestal es muy duro y no hay muchas empresas especializadas en este sector. Foresta está siendo un referente en este sentido y por eso nos llama el Cabildo y el Gobierno de Canarias para hacer planes de empleo. Próximamente se contratarán entre cuarenta y cincuenta personas que saldrán del paro, víctimas de violencia de género, mayores de 45, menores de 25 de familias desestructuradas. Los formamos y en un año son peones forestales, con un certificado de profesionalidad”, explica Arencibia para luego agregar: “Un bosque no se compra hecho ni por medidas. Se planta árbol a árbol que es lo que hemos venido haciendo. No debemos dejar de hacer cosas que creamos que son positivas y que pueden producir un cambio porque se produce, pero no colectivo, cambiamos también de manera individual”.

Niños y adultos han dejado su impronta en el bosque canario. Personas de otras nacionalidades también se unieron a esta importante labor. Unos 490 ejemplares de faya y brezo se plantaron en la mañana del domingo 19 de enero. Según comentan los expertos, la faya funciona como barrera verde en los incendios. Los ejemplares tienen ahora un año y medio de vida y tardarán unos cuatro en alcanzar 1.80 metros. Esta especie canaria mantiene un alto contenido de humedad en el verano, especialmente durante las olas de calor y se le conoce como “cortafuego verde”.

Con la ceniza en la ropa y las manos manchadas de tierra, me subo a la guagua con la satisfacción de haber puesto mi granito de arena en un monte que intenta vestirse nuevamente de verde. Los árboles calcinados permanecerán erguidos, vigilantes, amparando a los tímidos brotes, esperando que el canto de los pájaros les devuelva la esperanza. El sentimiento de tristeza se va diluyendo. Cada árbol plantado es un buen motivo para la celebración. 

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