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Una historia de fuego y hielo Jökulsárlón, en el glaciar Vatnajökull

Una historia de fuego y hielo

12/02/2020

Belkys Rodríguez Blanco

Cuando el avión en el que viaja aterrizó en Islandia, me había llegado a la luna. Un mar de lava unía la carretera del aeropuerto con la capital, Reykjavík. Un paisaje peculiar y desolador me dio la bienvenida y, aunque era verano, el aire frío me puso la piel de gallina y me anunció que era la isla vecina del Círculo Polar Ártico. El nombre de esta estación era un eufemismo para mí, nacida y criada en el Caribe. Esta es una historia de fuego y hielo.

La ciudad parecía una ilustración de un libro infantil. Las casas, pintadas de vivos colores, miraban hacia la bahía y las montañas conocidas como Monte Esja. Alguien me dijo que el nombre de la capital significaba 'bahía humeante'. Cuenta la historia que cuando llegó el primer colono, Ingolfur Arnarson, un fugitivo noruego, en el año 874, la bautizó con ese nombre pues a lo lejos se divisaban humeantes fuentes de agua caliente. Muy cerca de Reykjavík hay aguas termales y géiseres que escupen chorros hirvientes al cielo. La isla es una curiosa mezcla de fuego y hielo que deja boquiabierto a todo el que la visita.