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Tamara Cruz: razones para cambiar turismo por viticultura Foto: Job Alejandro Gil

Tamara Cruz: razones para cambiar turismo por viticultura

04/06/2020

Belkys Rodríguez Blanco

Estuvo doce años trabajando en el sector turístico. Pero, llevaba en la sangre el apego por la tierra y el amor a la viticultura, heredados de su padre. Solía coger vacaciones en la temporada de vendimia para echar una mano en casa hasta que, un buen día, aparcó definitivamente el turismo y desde hace siete años trabaja a jornada completa en la finca familiar junto a sus padres y su pareja.

La conocí de manera virtual uno de esos días de confinamiento en que el ánimo flaqueaba y, al escucharla hablar con tanta pasión del campo y de la bodega Mondalón, me di cuenta de que al mal tiempo hay que ponerle siempre buena cara. Tamara ha aprendido esa lección y ve la crisis sanitaria como un paréntesis. “Toca esperar. Si estás esperando cinco años a que te salga la viña para hacer un vino, ¿por qué no vas a esperar seis meses a que pase esto?”, asegura. Y en esta pausa obligada, ella no pierde la sonrisa y trabaja duro en la finca ubicada muy cerca de la Caldera de Bandama, una zona de la isla de Gran Canaria donde los vinos tienen ese sabor especial que regala la tierra volcánica.

Foto: Airam González

Las etiquetas de las botellas de vino no reflejan que este proyecto sale adelante con muy poco personal. ¿Cómo lo hacen?

No hay otra manera. Mucha gente piensa que las bodegas de por sí son muy rentables y nada más lejos de la realidad. Es un proyecto a largo plazo, comenzando por la viña tienes que esperar una media de cinco años y hasta diez hasta que la planta es adulta para que te dé un rendimiento más o menos idóneo. El equipo lo forman mi padre, una persona que trabaja en la finca por la mañana y ahora mi pareja y yo.

Entre los cuatro hacemos todo: la elaboración de los vinos, embotellar, las visitas, las catas, la venta directa. También está Juan Fernando, el enólogo, que nos asesora y viene dos veces al mes desde Tenerife. Ayuda a injertar, a podar, a currar en todo; no es un enólogo de postín que solo viene a catar. Hemos duplicado casi la producción, pero no podemos duplicar el personal porque nos comen los sueldos. Al final lo que nos funciona es organizar y planificar muchísimo y no fallar en los tiempos. Estamos trabajando sábados por las mañanas y un domingo si hace falta.

¿Cuál es la historia detrás de la bodega Mondalón?

Comenzamos aproximadamente en el año 90, 91. Jack, un vecino americano hacía vinos. Tenía un lagar, pisaba uvas y nosotros le ayudábamos. Poquito a poco le fue picando la curiosidad a mi padre. En esa época se estaba intentando fundar el consejo regulador del Monte Lentiscal, y había muchos viticultores que intentaban llevar el vino de Gran Canaria con otro nivel. Ese hobby fue poco a poco convirtiéndose en la profesión de mi padre. Fruto de su trabajo con la denominación de origen, actualmente tenemos el registro número dos de embotellado de Gran Canaria, cosa que no sabe todo el mundo y es importante recalcar.

Empezamos con una barriquita de 125 litros y ahora hacemos una media de 20.000 litros de vino. Sigue siendo una bodega muy pequeña, la quinta o sexta en producción en Gran Canaria y aun así movemos bastante. Desde que empezamos, nuestra filosofía era decir: vamos a salir al mercado con un vino que esté rico, que tenga calidad, presentación. Si el vino no estaba bueno no lo sacábamos, preferíamos tirarlo por el sumidero y tiramos mucho. Te cuesta mucho crear una imagen de marca; basta que saques un producto malo un año para que se acabe todo, esa filosofía la hemos tenido muy arraigada.